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El tiempo igual al espacio-cielo.

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Y ella esperaba ahí, sentada. Algunos dicen que esperar es perder el tiempo, pero Ayra sabía que esta vez no sería así. La luna como siempre, cuidando su cabello... ¿rizos?, ¿porque no?, el viento golpeaba con fuerza las montañas, aquellas figuras enormes con forma de gigantes que esconden el sol al amanecer; pero no, no había nadie más allí.   Se escuchó un fuerte rugido proveniente del norte, el cabello de Ayra flotaba con energía, parecía que cobraba vida jadeante en las manos de un fiel admirador... entonces pasó, se detuvo el tiempo. Ayra miró el cielo, miró estrellas, muchas de ellas brillaban con intensidad, pero... posiblemente muchas de ellas hoy ya no existen, ¡que curiosa es la relatividad! -pensó Ayra. - ¿Que haces?- preguntó él viento. - Espero - dijo Ayra. - ¿Que no ves que tu espera es en vano? - susurró el viento. - Espero porque quiero, y puedo. Espero porque a veces esperar es la única esperanza. Espero porque confío, porque creo, espero, porque hoy, ...

Una mirada, un instante..

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Era de noche y ella susurraba aquella melodía infantil que le hacía recordar al viejo... Nada ni nadie le podría arrebatar las ganas de hacerlo, de quererlo, de soñarlo y de amarlo con esa intensidad como si aún viviera aquí, como si aún estuviese sentado en aquel sofá, leyendo sus viejos libros, fumando su pipa y fingiendo su desinterés por su madre. Su mirada era firme, una mirada de aquellas que no se olvidan. Mucho se dice que los ojos son las puerta del alma y, si eso era cierto, definitivamente el padre de aquella niña poseía la mejor caja fuerte y ella, su niña, conocía la contraseña para entrar al alma más blanca y limpia, esa tan difícil de conseguir. Seguía de noche y la lluvia se unía a la luna como en una fiesta de gala. La dulce melodía seguía tocando a lo lejos, sin espacios y sin ritmo, como el artista que toca sin querer tocar, el artista que toca sentimientos y ansiedades que toca para nadie y para todos, que tocaba par sí, sin darse cuenta que a la lu...

Naysther!

Solo pude ver tu ocupación y tu silencio Y esa sonrisa tatuada en tu acento, descubrí tu cabello a la distancia, descubrí también que el tiempo es lento. Hoy viajé en mis sueños diarios, y pude sentir tu presencia, Hoy por la noche fui féliz, hasta mi rostro dibujó una sonrisa. Tu compañero me miró a los lejos, y supuso un encuentro planeado e informal, Nos dejó solas, un instante, Te extraño Tanto y es Real. Hoy viajé en mis sueños diarios, y fuiste un rayo de Luz en mis Tinieblas, Hoy por la noche fui féliz, como lo era en mi interior y sin tu ausencia. Hoy sé que sigues cambiando vidas, y me llena de alegría día a día. Juntos Siempre, En la vida y la muerte, Ni sin ti, y con todos Nuestra hermandad Inseparable y fuerte Feliz, Enamorada, Regando amor por y Paz. Jorge Gauna Para: Naysther!